miércoles, 21 de julio de 2010

Cómo debe ser la calle del siglo XXI « ArquitecturaS

Espacio estructurador de las ciudades, la calle tiene que integrar la periferia, tanto en sentido social como geográfico. Y tener en cuenta las distintas dimensiones de circulación, respetando a los peatones.
La calle es un espacio estructurador de las ciudades. Como espacio de circulación, por supuesto, pero como espacio público por excelencia también. Es un punto crítico de su superficie –se estima que representa entre un 25 y un 30%– sobre el que es necesario profundizar nuestra reflexión. Como objeto privilegiado de la acción pública de una ciudad, como ámbito de encuentro, de residencia, de actividad económica, de integración social. Como el lugar donde la vida pasa. Esto es así en todo el mundo, pero particularmente en América Latina. Sobre una población de aproximadamente 570 millones de habitantes, casi un 80% vive en ciudades.
Ahora bien, ¿qué podemos aprender de los miles de kilómetros de calles urbanas? Realmente mucho a lo largo de la historia contemporánea. De la ciudad fundacional de las Leyes de Indias, de las reformas republicanas que siguieron a las independencias y se afirmaron en los centenarios, de las intervenciones donde se integró el paisaje en las grandes alamedas y en los paseos costaneros cuando el mar dejó de considerarse un enemigo, de las autopistas que en algunas partes fueron el testimonio de un período superado del siglo XX y en otras siguen expresando la voluntad de algunas agendas públicas. La Avenida de Mayo es un ejemplo paradigmático de calle del Centenario, con el Subte A, su eje cívico monumental, la proporción entre edificios y veredas, su vegetación y manzanas particularmente pensadas. A la calle tradicional se le dio densidad y velocidad, manteniendo un conjunto de actividades. Los ejemplos de la híper especialización funcional, consistente en darle todo a la circulación, crearon, en los centros urbanos, problemas nuevos de polución, congestión, degradación urbana y segregación, ineficiencias en términos energéticos y ambientales, resultados que a la larga generan altos costos sociales.