martes, 20 de abril de 2010

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NEW YORK - MARCH 28:  Famed architect Frank Gehry's first New York building, the IAC Building, is seen March 28, 2007 in New York City. The building, still not totally completed, will serve as world headquarters headquarters for Barry Diller's media and Internet empire and is located in Manhattan?s Chelsea neighborhood.  (Photo by Mario Tama/Getty Images)


"Hoy ya no somos los que éramos. Consecuentemente, la arquitectura tampoco debería ser lo que fue."

Rafael Iglesia. Arquitecto

Se podría decir que la recta, como el camino más corto entre dos puntos, “funciona” como metáfora de la Modernidad, ya que en esta etapa de la Historia, el desafío mayor era ahorrar energía. La arquitectura no escapó a este mandato y respondió organizando racionalmente la ubicación de las puertas y las ventanas, los muros y las personas, optimizando las circulaciones entre ellas, a fin de desarrollar “funciones” pre-vistas. Pero la Modernidad es una clasificación del tiempo y del espacio que estamos abandonando. Hoy Internet es el signo más claro de lo mucho que han cambiado estas dimensiones. También cambian las metáforas con las que entendemos nuestro mundo, la recta pierde significado, ya que estamos entrando en laberintos. Y en ellos, dos puntos vecinos pueden estar muy cerca o muy lejos. Internet es un laberinto, no ahorra distancias como lo hace la recta, las ignora.
En consonancia con esta metáfora, deberíamos trabajar con conceptos que nos permitan interpretar nuestra época, tal como lo hicieron los Maestros en su momento, pero sin olvidar que nuestros paradigmas son muy distintos.
Es decir, la forma de agruparnos, de enclaustrarnos, de relacionarnos, responde según las épocas, a las distintas estructuras, económicas, políticas y sociales, esta última consecuencia de la relación que mantienen las dos primeras. La arquitectura es solo su consecuencia espacial. Y hoy ya no somos los que éramos. Consecuentemente, nuestra “disciplina” tampoco debería ser lo que fue. Nuestro tiempo demanda lugares que no se definan por la organización de las puertas y ventanas y espacios que rompan con la serie de parámetros históricamente determinados. Como se la transmite en los claustros universitarios, donde no buscan, solo reconocen. Para techar otras ecologías culturales estimulando la aparición de otras maneras de relacionarse, y así reencontrarnos con ese vínculo secreto que une las cosas y la carne, los objetos y los hombres. La aparición de “nuevos objetos” será solo su consecuencia.